El dolor no tiene la última palabra

Toda pérdida trae consigo un viento que no pedimos. Llega sin avisar y mueve aquello que creíamos firme: nuestros planes, nuestras certezas y, muchas veces, nuestra identidad. Ante ese viento tenemos una elección; podemos levantar muros para resistirnos al cambio, quedándonos atrapados en el miedo, el resentimiento o el deseo de que todo vuelva a ser como antes, o construir molinos de viento… aprender a transformar el dolor en una fuerza que nos impulse hacia una nueva manera de vivir.

“Cuando soplan los vientos del cambio, algunos construyen muros y otros molinos de viento.”


La tanatología no busca que el viento deje de soplar, porque el cambio es parte de la vida. Nos enseña a descubrir que incluso las pérdidas más profundas pueden convertirse en maestras de compasión, fortaleza y esperanza. El dolor no tiene la última palabra cuando permitimos que el amor siga dando sentido a nuestra historia.


No podemos elegir el viento que llega, pero sí podemos decidir qué construiremos con él.


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